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Honestidad indispensable PDF Imprimir E-mail
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Opinión - General
Aportado por CR Solidaria   
Miércoles, 20 Agosto 2008 01:01
José Calvo. Los países, como las personas, se pueden ir deteriorando poco a poco y, aunque es peligroso juzgarlos porque "todo tiempo pasado fue mejor", es evidente que no vamos bien, y que no podemos seguir así. Nunca fuimos un buen ejemplo de honradez democrática, y siempre hemos practicado el fraude electoral; de diferentes maneras: lo acabamos de ver con la reelección y el referéndum. Pero hubo un tiempo en que nadie tenía pitbulls, nadie andaba armado, conocíamos gente a la que no se le habían metido los ladrones, no había condominios con check-point, no éramos un puente del tráfico de drogas, no éramos un refugio de delincuentes extranjeros, nunca veíamos en el periódico hechos de sangre, los noticieros no eran narraciones de delitos, y las casas no estaban enrejadas. Podíamos ver en el patio tiradas "the rusty old bikes" (las viejas bicletas).

Cualquiera hubiera entendido antes que ser magistrado y consultor del gobierno constituía un inaceptable conflicto de intereses. O que una persona no debería conducir la discusión de las leyes de propiedad intelectual siendo esposa de un abogado de patentes. O que no debería tramitar la privatización del ICE siendo dueña de frecuencias de radio. O que el abogado del contratista no debería llamar al Contralor para preguntarle cómo va su negocio. O que quien tiene palanca política no debe recibir pago de consultorías de empresas que hacen negocios con el Estado. O que ni la Contraloría ni el Ministerio de Salud deben exigir "pruebas de equivalencia" diseñadas por transnacionales para proteger el mercado de sus marcas.

Cuando la Defensoría advierte a un habitante vejado que su fallo no será vinculante y que de serle favorable "se sacará todos los números malos en la rifa del director", y cuando después de varios meses encuentra que la "discrecionalidad" del director le permitía nombrar a una persona inepta, incapacitada por problemas mentales, en vez de la que todos reconocían como idónea, estaríamos mejor con el Chapulín Colorado.

Padecemos ahora la manía de los promedios, que viene de no juzgar el problema de la persona sino el de la colectividad; lo que desvía la labor de sindicatos y defensorías hacia la politiquería, que rinde más: defendimos a tantas colectividades, ergo fortalecimos nuestra campaña para diputados; o para la continuidad. La atención al problema de una persona implica para ellos un desperdicio de recursos y capital político, y con su abandono se va por el drenaje el propósito de la institución, porque lo único que hay son personas y la colectividad es una abstracción. Tal vez si nos preocupáramos por los derechos de las personas recuperaríamos la honestidad.

Sí había antes una justicia diferente para los pobres, que solíamos ilustrar con la libertad para el pez gordo y la cárcel para el que había robado una gallina. Pero también ahí estamos peor, porque para ser ladrón ahora hay que robarse varios centenares de miles de colones; lo que también puede ser una medida de inflación y un ejemplo de deshonestidad. El grupillo gobernante nos falsifica el dinero para hacer "obra de gobierno", generalmente escatológica, y se lleva candanga a los que no pueden indexar; aunque nadie puede del todo. Es parte del juego de distribución de la riqueza que nos va aumentando la gente en el último quintil.

¿Por qué no llamar delincuencia a la corrupción y reconocer que, mientras no hay castigo adecuado para la primera, no hay ninguno para la segunda? ¿O que a ambas las fomenta la "industria del entretenimiento"? No está bien esposar y meter en una perrera con abundante despliegue publicitario al hombre que se entrega solo, pero es mucho más malo no poderlo juzgar. Y muy grave cuando nos enteramos que todo el trabajo de preparación para el juicio se perdió, porque había que entregarle la notificación en la casa y se le entregó en la prisión: en una especial, con lujos y privilegios. La justicia se diluye con tecnicismos legales, y la legalidad desplaza a la moralidad. Pero la honestidad es indispensable.

José Calvo
Agrónomo

Fuente: Diario Extra
Ultima actualización ( Miércoles, 20 Agosto 2008 01:12 )
 

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