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Opinión - General
Aportado por Luis Paulino Vargas   
Martes, 26 Agosto 2008 10:46
Luis Paulino VargasLuis Paulino Vargas. Reinventar la política en Costa Rica. Mucha gente -y este servidor con particular insistencia- andamos detrás de eso. Pero ¿qué significa tal cosa? Trataré de precisar algunas ideas. Lo hago en dos partes. Primero, desde lo propositivo y utópico, entendiendo por utopía un concepto que mueve, inspira y moviliza, no una idea abstracta y destructiva acerca de una incierta sociedad perfecta. Segundo, en relación con lo que tenemos en la sociedad costarricense actual.

1) A lo que aspiramos


a) Participación: esta es la base esencial de esta nueva política y es cosa sin duda compleja y exigente. Supone gente que lee, se informa, se educa, discute, analiza. Gente con sentido crítico, con independencia de criterio, con capacidad para decidir; que exige sus derechos y cumple con sus responsabilidades. No se parece en nada a la política tradicional, asentada en liderazgos verticales, en rígidas estructuras de mando, en aparatos publicitarios caros e idiotizantes y en corrompidas prácticas clientelares.

b) Organización:
esta es la base en que la participación se asienta y desde la cual se hace efectiva. Pero como se trata de una participación inteligente e informada, las organizaciones por medio de las cuales se canaliza son autónomas: tan solo responden a la voluntad de quienes la conforman sin sujeciones partidarias ni de otro tipo. Pero, además, y puesto que de por medio hay gente que sabe discernir y decidir, necesariamente esas organizaciones han de ser muy democráticas a lo interno; asentadas en el diálogo, el debate y el aporte libre y creativo de cada quien. Diferente de la política tradicional, donde la organización es tan solo un apéndice, sometida a la manipulación y capricho de los poderosos.

c) Lo político: esa organización, así como la participación que ésta canaliza, se ocupa de asuntos de interés colectivo. Entramos así al campo de lo político, entendido como aquel donde se dirimen los asuntos que competen a la colectividad. De por medio pueden estar cuestiones de interés local, sectorial, gremial, regional, nacional, internacional. Todos esos son niveles de lo político. Se caracterizan por el hecho de que ahí se discuten y resuelven asuntos de interés público y común.

d) La solidaridad: entendemos que lo particular nunca es ajeno a lo general. O, dicho de otra forma, que la parte siempre está integrada dentro de un todo. Por lo tanto, los intereses colectivos al nivel de un pueblito, de un sindicato, de un problema ambiental específico, siempre son una pieza dentro de un conjunto más amplio. Ello también es característico de esta nueva forma de pensar la política: no vemos los problemas particulares como realidades aisladas sino que captamos las relaciones más amplias que los hacen parte de un todo más complejo. Esto da base objetiva y fuerza motora a la solidaridad. Comprendemos entonces que los problemas del agua en Sardinal o Barva o Siquirres son asuntos nuestros, aún si uno no vive en ninguno de esos lugares. Lo mismo ocurre en relación con la marina en Puerto Viejo, las semillas de nuestros agricultores, el atropello a los trabajadores en la Caja o la corrupción de los magistrados. El mismo principio debería aplicarse en relación con minorías discriminadas, incluso aquellas que lo son por razones de orientación sexual. Una frase proveniente de la antigüedad latina podría resumirlo: “nada de lo humano me es ajeno”. En cambio, la política tradicional manipula la visión de las cosas de forma que tan solo se vean fragmentos sin conexión. Ello tiene un efecto alienante que rompe los lazos de solidaridad y acompañamiento.

e) La cooperación e integración: la gente se organiza por propia voluntad y desde sus organizaciones actúa con independencia, sentido crítico y afán propositivo. En el proceso se desarrollan lazos de solidaridad conforme se entiende que los problemas no se dan en forma aislada; que los asuntos de cada quien son luchas compartidas. Ello mueve hacia la acción en el nivel colectivo más general y comprensivo. Las organizaciones entonces se integran en redes, se coordinan, colaboran, intercambian información, se apoyan. Eventualmente establecen acuerdos más amplios. Se avanza así hacia la unificación de esfuerzos y la definición de orientaciones compartidas. Finalmente entendemos que transformar mi comunidad o mi sitio de trabajo o ciertas formas de producir o ciertas relaciones injustas, es una pieza dentro de un proceso más amplio: el de transformar nuestro país. Ese punto de maduración lleva entonces a trabajar por la integración. Integramos así las distintas situaciones particulares: la de Sardinal o Puerto Viejo; la de los pueblos indígenas y las mujeres campesinas; la de los servicios de salud y la educación. Cada caso conserva validez e identidad, pero se incorpora a una lucha más amplia y desarrolla lazos de entendimiento y trabajo conjunto. Eso se hace factible justamente porque existe solidaridad y una aspiración compartida: la del derecho a una vida digna para todas y todos, sin distingo de ningún tipo. Es la fuerza de lo plural y lo diverso que se potencia por medio del diálogo respetuoso y la integración solidaria de esfuerzos.

d) Un proyecto unificador: finalmente alcanzamos la capacidad para elaborar y acordar un proyecto compartido de país, en el cual -como decían los zapatistas- todos y todas quepan. Nada podría ser más revolucionario, ya que implica la búsqueda de la justicia a partir de la pluralidad y sobre la base de un ejercicio cotidiano y vivencial de la democracia.

2) Lo que tenemos


Las anteriormente formuladas son ideas que resumen aspiraciones y utopías. Y, sin embargo, debo enfatizar que esto sintetiza algo que en parte es realidad y en parte necesidad en la Costa Rica de hoy.

Es en parte realidad, porque esta forma de pensar la participación y organización ciudadana, el ejercicio de la democracia, la movilización, la lucha y la propuesta, no es terreno desconocido. Lo hicimos con motivo de la lucha contra el TLC. Y hoy sigue vivo en el esfuerzo y el trabajo de mucha gente y de muchas organizaciones. Estamos buscando nuevas fuerzas motivadoras como también intentamos reconstruir tejidos de cooperación y entendimiento. Es terreno para sembrar y, con la necesaria sabiduría y constancia, podría llegar a ser sumamente fértil.

Y también es necesidad. Incluso necesidad urgente. Porque en virtud de la gravedad de la situación y de los alarmantes síntomas de descomposición que vivimos, estamos urgidos de un cambio que debe ser emprendido de inmediato.

Este cambio no será posible si no es impulsado desde una amplia alianza social. Es a lo que me refiero más arriba en los puntos e) y d). En esta alianza el movimiento ciudadano organizado deberá tener un papel decisivo y protagónico. Los partidos políticos progresistas también podrían ser parte, pero ello les exige cambios sustantivos. Incluso les exige replantearse a profundidad su concepción de la política. Y a sus dirigencias les exige posponer ambiciones y vanidades.

¿Están los partidos y sus dirigentes preparados para ello? Pareciera que no, aunque quizá haya excepciones. El principal partido de oposición al neoliberalismo -el PAC- no parece estarlo. No al menos su oficialidad dirigente. En cambio, entre sus sectores más progresistas y patriotas sí han surgido otras visiones. En todo caso, nada hay más sintomático de los problemas existentes, que la cuasi oficial proclama del PAC según la cual la única unidad posible es dentro del PAC y bajo su bandera, sin más diálogo ni entendimiento.

La unidad se construye respetando la diversidad. Consecuentemente exige diálogo, generosidad y desprendimiento. En cambio el PAC propone ignorar esa diversidad y ahorrarse el esfuerzo de diálogo, a fin de que todos los demás nos convirtamos en piezas al servicio de las ambiciones de sus líderes. Demasiado arrogante e irrespetuoso.

¿Quiere el PAC contribuir a la unidad? Ábrase entonces al diálogo, muestre un mínimo de humildad, posponga ambiciones personales y partidarias y respete la identidad de los demás, tanto organizaciones ciudadanas como partidos. Lo mismo vale para esos otros partidos o proyectos de partido.

Lo demás sigue siendo política tradicional, por mucho que le cuelguen esos ropajes -cada vez más raídos- con que intentan recubrirla.

Fuente: Tribuna Democratica



Ultima actualización ( Martes, 26 Agosto 2008 11:31 )
 
Comentarios (1)
Reinventar la política
1 Martes, 26 Agosto 2008 19:27
Rosy Morales
Gracias al Sr. Luis Paulino Vargas por sus aportes. En lo que a mí respecta comparto sus propuestas. Hago un llamado a todas aquellas personas que estén en disposición de hacer algo por este país, que se nos va de las manos, para que reflexionen y analicen lo que se expone. Se debería diseñar una estrategia que promueva la discusión de este tema a lo interno de los diferentes grupos organizados en cantones, distritos y barrios. Tenemos que avanzar... Urge avanzar.

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